Saltar al contenido
Retrato generado para Francisco José de Caldas y el termómetro que midió montañas

Perfil · 1816 · Santafe de Bogota

Francisco José de Caldas y el termómetro que midió montañas

Sin instrumentos ni maestros, un abogado de Popayán descubrió que el agua hierve a temperaturas distintas según la altura y convirtió ese dato en una manera de medir los Andes. Murió fusilado a los 48 años.

Sofía Castaño

9 de julio de 2024 · 8 min de lectura

Un abogado con termómetro

Francisco José de Caldas estudió derecho en Santafé porque la familia lo mandó a estudiar derecho. Nació en Popayán en 1768, en un hogar acomodado que esperaba de él una carrera decente, y él cumplió el trámite. Después se dedicó a lo que le interesaba, que no tenía nombre profesional en el virreinato: medir cosas.

Se instaló a comerciar por el sur, entre Popayán, Quito y la provincia de Pasto, y aprovechó los viajes de negocio para levantar datos. No tenía instrumentos, así que los fabricó. Se enseñó solo matemáticas y astronomía con los libros que consiguió. Corrigió tablas, calculó latitudes, dibujó mapas de regiones que en los planos oficiales eran manchas.

El hallazgo del hipsómetro

El resultado más limpio de esa obsesión fue una idea sencilla y verificable. Caldas observó que el agua no hierve siempre a la misma temperatura: hierve más bajo a medida que se sube. Y como la relación es regular, un termómetro suficientemente preciso podía convertirse en un medidor de altura.

Con eso se podían levantar perfiles de terreno sin cargar barómetros frágiles por caminos de herradura. Caldas aplicó el método a lo largo de los Andes del sur y produjo mediciones de alturas que después se compararon con las de expediciones europeas. El principio se conoce hoy como hipsometría y él llegó a él por su cuenta, en un rincón del imperio español, sin laboratorio.

Sobre esa base construyó su trabajo más ambicioso: relacionar la altura con la vegetación. Su memoria sobre la distribución de las plantas según el piso térmico, y su estudio sobre el influjo del clima en los seres organizados, son intentos tempranos de hacer geografía botánica en los Andes ecuatoriales.

Mutis, el observatorio y el periódico

En 1802 se cruzó en el sur con Alexander von Humboldt, que iba en plena expedición americana. Caldas quiso unírsele y no fue posible. La decepción, documentada en su correspondencia, fue considerable.

La compensación llegó del otro lado. José Celestino Mutis lo vinculó a la Expedición Botánica y en 1805 lo puso al frente del Observatorio Astronómico de Santafé, el primero construido en América, terminado en 1803. Caldas tenía por fin un edificio, instrumentos y un cargo.

Entre 1808 y 1810 dirigió el Semanario del Nuevo Reino de Granada, una publicación que hoy se lee como un inventario del país: geografía, población, minas, caminos, cultivos, climas. Ahí está el proyecto de fondo de su generación, que era conocer el territorio para poder gobernarlo, y que precedió por poco a la decisión de gobernarlo solos.

El ingeniero de la guerra

Llegada la independencia, Caldas quedó del lado patriota y le tocó lo que sabía hacer con las manos. Trabajó como ingeniero militar: fortificaciones, planos, una fábrica de pólvora, una fundición en Antioquia, la enseñanza de matemáticas a oficiales. Fue, en la práctica, el departamento técnico de una república que duró poco.

Cuando Pablo Morillo reconquistó el virreinato en 1816, la maquinaria de represalias fue directo contra los ilustrados. Caldas fue capturado en el sur y llevado a Santafé. El consejo de guerra fue formulario. La tradición cuenta que en la pared del calabozo trazó una omega negra, la última letra, y hay una frase muy citada según la cual alguien respondió que España no necesitaba sabios; ninguna de las dos cosas está documentada con solidez, y sobreviven porque resumen bien lo que pasó.

Lo fusilaron el 29 de octubre de 1816, cerca de la plaza mayor. Tenía 48 años.

Lo que quedó y lo que no

Se perdió mucho. Papeles, mediciones, manuscritos que nunca se publicaron, la continuidad misma de una escuela científica que apenas empezaba a formarse y que la reconquista decapitó en cuestión de meses.

Quedó el nombre por todas partes: un departamento, universidades, colegios, la sede del observatorio en pie en el centro de Bogotá. Y quedó el gesto que lo define mejor que el apodo de Sabio, que suena a busto de bronce. Caldas no descubrió nada con un golpe de genio. Puso un termómetro en agua hirviendo a distintas alturas, muchas veces, anotó los números y se dio cuenta de que ahí había una regla. Eso es todo el método, y en 1800, sin nadie que lo acompañara, era casi todo lo que había.

No descubrió nada con un golpe de genio: puso un termómetro en agua hirviendo a distintas alturas, muchas veces, y anotó los números.

El Perfil

Temas

  • ciencia
  • independencia
  • historia
  • geografia

Sobre las fuentes: Basado en los escritos de Caldas recogidos en el Semanario del Nuevo Reino de Granada, su correspondencia publicada y bibliografía histórica sobre la Expedición Botánica y la reconquista española.

Firma

Sofía Castaño

Editora de investigación

Verifica cada fecha antes de que llegue al lector. Su regla es que ninguna vida se resume en una cifra.

Otros perfiles