Rodolfo Llinás y la idea de que el cerebro nunca está apagado
El neurocientífico bogotano demostró que las neuronas generan actividad eléctrica por sí mismas, sin estímulo externo. Desde Nueva York cambió la manera de entender el pensamiento y, de paso, escribió un informe que Colombia todavía cita.
El abuelo psiquiatra
La primera sala de neurología que conoció Rodolfo Llinás fue la de su abuelo. Nacido en Bogotá en 1934, creció cerca del consultorio de Pablo Llinás, psiquiatra, en una época en que la disciplina apenas se separaba de la neurología clínica. La pregunta que se llevó de allí no era médica sino filosófica y ha ordenado sesenta años de trabajo: cómo es que un pedazo de tejido produce una mente.
Estudió medicina en la Pontificia Universidad Javeriana y después se fue a Australia, a la Universidad Nacional Australiana, donde se doctoró en 1965 en el laboratorio de John Eccles, Nobel de Medicina en 1963. Allí aprendió la técnica que definiría su carrera: registrar con microelectrodos lo que hace una sola neurona viva.
Neuronas que hablan solas
El hallazgo que ordena su obra suena simple y fue contraintuitivo. Hasta entonces el modelo dominante trataba a la neurona como un elemento esencialmente pasivo: recibe una señal, la transmite. Llinás mostró, trabajando sobre todo con células del cerebelo y de la oliva inferior, que muchas neuronas poseen propiedades eléctricas intrínsecas: oscilan, disparan rítmicamente y generan actividad por sí mismas aunque nadie las estimule.
De ahí se sigue una consecuencia grande. El cerebro no es un aparato que espera el mundo para encenderse. Está funcionando siempre, produciendo su propia actividad rítmica, y lo que hacen los sentidos es modular ese estado interno más que crearlo desde cero. Llinás resumió esa idea diciendo que la vigilia es un estado onírico modulado por los sentidos. El sueño y la vigilia, en ese marco, se parecen mucho más de lo que la intuición sugiere.
Su trabajo también estableció el papel del calcio en la liberación de neurotransmisores en la sinapsis, medido directamente en la sinapsis gigante del calamar, y formuló lo que se conoce como ley de la no intercambiabilidad de las neuronas: la función depende de las propiedades eléctricas específicas de cada tipo celular, no solo de cómo están conectadas.
Ritmos y enfermedad
En los años noventa, junto a colaboradores, propuso el concepto de disritmia talamocortical: la idea de que varios trastornos neurológicos y psiquiátricos, desde ciertos dolores crónicos y acúfenos hasta síntomas de Parkinson y depresión, comparten un patrón anómalo en los ritmos eléctricos del circuito entre tálamo y corteza. Es un marco unificador que sigue siendo debatido y productivo, y que impulsó el uso de la magnetoencefalografía para estudiarlo.
Llinás dirigió durante décadas el Departamento de Fisiología y Neurociencia de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y de otras sociedades científicas. Trabajó además con la NASA en estudios sobre los efectos de la microgravedad en el sistema nervioso.
El informe de los sabios
En 1994 el gobierno colombiano convocó la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, diez personas encargadas de proponer un rumbo de largo plazo para el país. Llinás la coordinó. El documento resultante, conocido como Colombia al filo de la oportunidad, sostenía que la única salida estructural del país pasaba por educación, ciencia y tecnología sostenidas durante décadas, no por programas de gobierno de cuatro años.
El informe se cita permanentemente en Colombia, se ha reeditado varias veces y sirve como vara para medir lo que no se hizo. Es, en la práctica, el documento de política científica más conocido del país.
El mito del yo
En 2001 publicó I of the Vortex: From Neurons to Self, traducido como El cerebro y el mito del yo. Es su libro de síntesis y su argumento más ambicioso: el sistema nervioso existe porque hay movimiento. Los organismos que se mueven necesitan predecir; predecir exige un modelo interno del mundo; ese modelo, funcionando de manera continua, es lo que experimentamos como yo. La conciencia, en esa lectura, no es un añadido sino la herramienta de un animal que tiene que decidir hacia dónde va.
Sesenta años después del consultorio del abuelo, la respuesta que trajo Llinás conserva la forma de la pregunta original: la mente no está en ninguna parte especial del cerebro. Es lo que hace el cerebro cuando está encendido, que es siempre.
“Si el cerebro nunca se apaga, la pregunta deja de ser cómo se enciende y pasa a ser qué lo interrumpe.”
Temas
Firma
Verifica cada fecha antes de que llegue al lector. Su regla es que ninguna vida se resume en una cifra.
