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Retrato generado para Apunte sobre Grace Hopper: la mujer que convenció a las máquinas de leer palabras

Apunte · 1952 · Filadelfia

Apunte sobre Grace Hopper: la mujer que convenció a las máquinas de leer palabras

Antes de ella, programar era escribir números. Hopper insistió en que un computador podía traducir instrucciones en inglés, y construyó el programa que lo hizo.

Andrés Mejía

2 de abril de 2026 · 6 min de lectura

Un cuaderno con una polilla pegada

En el Museo Nacional de Historia Americana, en Washington, se conserva una página de bitácora de 1947 con una polilla pegada con cinta adhesiva. La anotó el equipo del Mark II en Harvard, del que Grace Hopper hacía parte, tras encontrar al insecto atascado en un relé que causaba un fallo. La nota dice que fue el primer caso real de un bug encontrado. El término ya existía en ingeniería, pero esa página es la razón por la que hoy se usa en informática.

Es una buena puerta de entrada porque resume el método Hopper: entender la máquina hasta el nivel del relé, y después contarlo de manera que cualquiera lo entienda.

De Vassar a la Marina

Grace Brewster Murray nació en Nueva York en 1906. Estudió matemáticas y física en Vassar College y se doctoró en matemáticas en Yale en 1934, en una época en que muy pocas mujeres accedían a ese grado. Enseñó en Vassar hasta que, en plena Segunda Guerra Mundial, se enlistó en la reserva naval. Fue asignada al proyecto de computación de Harvard, donde programó el Mark I, una máquina de quince metros de largo que ejecutaba cálculos balísticos.

La idea que nadie le compraba

Al pasar a la industria, en la empresa que construyó el UNIVAC, Hopper defendió una tesis que sus colegas consideraban ingenua: que era posible escribir programas con palabras en inglés y que otro programa se encargara de traducirlas a código de máquina. La objeción habitual era que un computador no entiende inglés.

Su respuesta fue construirlo. En 1952 presentó el A-0, reconocido como el primer compilador: un programa que traducía notación simbólica a instrucciones ejecutables. De ahí salió FLOW-MATIC, el primer lenguaje de programación orientado a procesamiento de datos comerciales con vocabulario en inglés.

Cuando a finales de los cincuenta se convocó el comité que definiría un lenguaje común para aplicaciones de negocios, FLOW-MATIC fue la base principal de lo que se llamó COBOL. Hopper no lo escribió sola, y ella misma corrigió esa atribución; su papel fue el de diseñadora conceptual y, sobre todo, el de la persona que convenció a la industria y al gobierno de que valía la pena un lenguaje portable entre máquinas de distintos fabricantes. COBOL sigue corriendo hoy en sistemas bancarios y estatales de todo el mundo.

El nanosegundo

Hopper daba charlas con un manojo de cables cortados en trozos de unos treinta centímetros: la distancia que recorre la luz en un nanosegundo. Los repartía entre el público. Era una manera física de explicar por qué importa la latencia y por qué un programa ineficiente desperdicia algo tangible. Muchos ingenieros formados en esos años recuerdan haber guardado uno.

Almirante

Se retiró de la Marina varias veces y varias veces la llamaron de vuelta. En 1983 fue ascendida a comodoro y en 1985, tras un cambio de nomenclatura, a contralmirante. Se retiró definitivamente en 1986, a los 79 años, como la oficial de mayor edad en servicio activo de la Marina de Estados Unidos.

Recibió la Medalla Nacional de Tecnología en 1991 y, de manera póstuma, la Medalla Presidencial de la Libertad en 2016. Murió en 1992. Un destructor de la Marina lleva su nombre, y también la mayor conferencia mundial de mujeres en computación.

La polilla, otra vez

La página del cuaderno se exhibe con la polilla todavía adherida, seca, de 1947. Es un accidente conservado con cuidado de reliquia. Hopper trabajó toda su vida sobre esa idea: que lo que falla hay que mirarlo de cerca, pegarlo en una página y explicárselo a quien venga detrás.

Una buena abstracción no oculta la máquina: la vuelve explicable ante quien nunca la vio.

El Perfil

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Sobre las fuentes: Apunte redactado con base en los archivos del Smithsonian sobre el Mark I y el Mark II, documentación técnica del UNIVAC y el A-0, y registros oficiales de la Marina de Estados Unidos.

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Andrés Mejía

Reportero de perfiles

Retrata a quienes trabajan lejos del micrófono: técnicos, archivistas, ingenieras de turno de noche.

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