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Retrato generado para Jane Goodall y la libreta que cambió la definición de humano

Perfil · 1960 · Gombe, Tanzania

Jane Goodall y la libreta que cambió la definición de humano

Llegó a Tanzania en 1960 sin título universitario y con unos binoculares prestados. Lo que anotó sobre un chimpancé usando una ramita obligó a reescribir los manuales de antropología.

Andrés Mejía

9 de octubre de 2025 · 8 min de lectura

Una ramita en un termitero

La escena ocurrió en 1960, cerca de un arroyo del actual Parque Nacional Gombe Stream, en la orilla oriental del lago Tanganica. Una mujer inglesa de 26 años, sentada a distancia con una libreta sobre las rodillas, vio a un chimpancé macho al que había llamado David Greybeard arrancar una ramita, quitarle las hojas, introducirla en un termitero y sacarla cubierta de termitas para comerlas.

No solo estaba usando una herramienta. La estaba fabricando, modificando un objeto para una función. Hasta ese día, la definición de ser humano más citada en antropología era exactamente esa: el animal que fabrica herramientas. El paleoantropólogo Louis Leakey, que la había enviado allí, respondió al informe señalando que ahora había que redefinir la herramienta, redefinir al hombre o aceptar a los chimpancés como humanos.

Sin credenciales

Jane Goodall nació en Londres en 1934. De niña recibió un chimpancé de peluche llamado Jubilee y leyó compulsivamente sobre África; no había dinero para la universidad, así que trabajó de secretaria y de camarera hasta pagarse un pasaje a Kenia en 1957. Allí buscó a Leakey, que la contrató como asistente.

Leakey quería justamente a alguien sin formación académica previa, sin las categorías fijas de la zoología de la época. Goodall hizo algo que entonces se consideraba un error metodológico grave: en lugar de numerar a los animales, les puso nombres. Flo, Fifi, Frodo, David Greybeard. Y escribió sobre sus personalidades, sus vínculos familiares y sus estados de ánimo.

La revista científica que publicó su primer artículo corrigió sistemáticamente los pronombres. Goodall los devolvió a su forma original. Terminó teniendo razón: hoy el reconocimiento de individualidad y cultura en primates es consenso.

Lo que vio en treinta años

En 1965 obtuvo un doctorado en etología en la Universidad de Cambridge, sin haber cursado pregrado, uno de los poquísimos casos admitidos por esa universidad. La observación continua de la comunidad de Gombe, que ella inició y que sigue activa como uno de los estudios de campo más largos de la historia sobre animales salvajes, documentó un repertorio que nadie esperaba: caza cooperativa de otros primates, consumo de carne, adopción de huérfanos, uso de distintas herramientas según el grupo.

También documentó lo difícil. Entre 1974 y 1978 registró un conflicto prolongado entre dos facciones de la comunidad de Gombe, con muertes, que obligó a revisar la idea de que la violencia organizada era exclusiva de los humanos. Goodall dijo que ese periodo fue el más duro de su vida profesional. No lo omitió de sus publicaciones.

De la libreta a la agenda global

En 1977 fundó el Jane Goodall Institute, que combina investigación, conservación de hábitat y programas de desarrollo con las comunidades vecinas a las áreas protegidas, bajo la premisa de que no hay conservación posible si la gente que vive alrededor no tiene alternativas económicas.

En 1991 creó Roots and Shoots, una red juvenil de proyectos ambientales que hoy funciona en decenas de países. Desde comienzos de los ochenta dejó prácticamente el trabajo de campo para dedicarse a viajar unos trescientos días al año dando conferencias sobre pérdida de hábitat, tráfico de fauna y crisis climática. Fue nombrada Mensajera de la Paz de Naciones Unidas en 2002 y Dama del Imperio Británico en 2004.

Murió el 1 de octubre de 2025, a los 91 años, durante una gira de conferencias en Estados Unidos.

La ramita, otra vez

Sesenta y cinco años después, la comunidad de chimpancés de Gombe sigue bajo observación y varios de los individuos vivos son descendientes directos de los que ella nombró. La ramita del termitero terminó siendo dos cosas a la vez: un dato que rompió una definición y el recordatorio de que a veces alcanza con sentarse a mirar durante mucho tiempo, sin apuro, con una libreta.

Ponerles nombre a los animales fue considerado un error de método hasta que resultó ser el hallazgo.

El Perfil

Temas

  • primates
  • conservacion
  • etologia
  • africa
  • ambiente

Sobre las fuentes: Basado en las publicaciones científicas del estudio de largo plazo de Gombe, en la obra de divulgación de la autora y en la documentación institucional del Jane Goodall Institute y de Naciones Unidas.

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Andrés Mejía

Reportero de perfiles

Retrata a quienes trabajan lejos del micrófono: técnicos, archivistas, ingenieras de turno de noche.

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