Nairo Quintana: lo que se aprende subiendo dieciséis kilómetros para llegar al colegio
Semblanza del escarabajo de Cómbita a partir de su expediente público: el niño que pedaleaba a 3.000 metros, el corredor que ganó el Giro y la Vuelta, y el ciclista que dos veces subió al podio del Tour de France.
La bicicleta de rueda gorda
El dato que aparece siempre en su expediente público, y que él mismo ha explicado en entrevistas a lo largo de los años, es un trayecto: dieciséis kilómetros desde la vereda hasta el colegio, en Cómbita, Boyacá, a más de 2.800 metros sobre el nivel del mar, en una bicicleta pesada. De ida en bajada, de regreso en subida, todos los días, con el frío del altiplano boyacense en la cara.
No fue un plan de entrenamiento. Era el transporte disponible. Pero produjo un corredor con una capacidad aeróbica adaptada a la altura desde la infancia, que es exactamente lo que después lo volvió peligroso en los puertos de los grandes tours europeos.
Nairo Alexander Quintana Rojas nació en 1990 en una familia campesina que tenía un pequeño negocio de venta de productos agrícolas. Empezó a competir en categorías juveniles departamentales.
Preguntado por el primer salto, señala 2010
Cuando se le ha preguntado por el momento en que su carrera dejó de ser local, ha señalado siempre el mismo año. En 2010 ganó el Tour de l'Avenir, la carrera por etapas más importante del ciclismo sub 23 y el escaparate histórico donde los equipos europeos buscan escaladores. Ese triunfo le abrió la puerta al equipo español Movistar, al que llegó en 2012.
Su explicación sobre por qué a los colombianos les va bien en la montaña no ha sido nunca mística: habla de haber crecido y entrenado en altura, de carreteras empinadas y de una tradición nacional de ciclismo de ruta que viene desde los años ochenta con Lucho Herrera y Fabio Parra. Es una respuesta de oficio, no de folclor.
2013 a 2016: los años grandes
En 2013, en su primera participación en el Tour de France, terminó segundo en la clasificación general, ganó la etapa del Semnoz y se llevó dos jerseys: el blanco de mejor joven y el de puntos de montaña. Tenía 23 años.
En 2014 ganó el Giro de Italia, con victorias de etapa incluidas, y se convirtió en el segundo colombiano en ganar una gran vuelta. En 2015 volvió a terminar segundo en el Tour de France, detrás de Chris Froome, tras atacar hasta la última subida. En 2016 ganó la Vuelta a España.
Sumó además triunfos en carreras por etapas de una semana como la Tirreno-Adriático, la Vuelta a Cataluña, la Volta a la Comunitat Valenciana y el Tour de San Luis, y títulos nacionales de ruta y contrarreloj.
Lo que ha dicho sobre las derrotas
En el balance público de su carrera, Quintana ha sido consistente en dos cosas. La primera: que el segundo lugar en el Tour de France no lo considera un fracaso, porque la diferencia con el ganador se explica por trabajo de equipo y estrategia, no por una falla personal. La segunda: que el peso de ser la esperanza deportiva de un país entero es real y se administra, no se ignora.
Tras dejar Movistar en 2019 corrió en equipos franceses y después volvió a la escuadra española. Ha sostenido públicamente su intención de competir mientras el rendimiento lo permita, y ha invertido en proyectos deportivos y sociales en Boyacá, entre ellos apoyo a categorías formativas de la región.
La subida de vuelta
Preguntado alguna vez por lo que recuerda de esos años de colegio, ha vuelto siempre a lo mismo: el regreso. La ida era fácil. Lo que formaba carácter, y piernas, era la subida de la tarde con el morral encima, sabiendo que faltaban dieciséis kilómetros y que no había otra manera de llegar a la casa.
Todo lo demás, incluidos el Giro y la Vuelta, ocurrió cuesta arriba.
“Nadie escoge nacer a tres mil metros, pero alguien tiene que decidir subir esos kilómetros todos los días.”
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Escribe el perfil largo del fin de semana. Le gusta empezar por un objeto y terminar en una biografía.
