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Retrato generado para La Pola: el oficio de coser en las casas donde se hablaba de más

Crónica · 1817 · Santafe de Bogota

La Pola: el oficio de coser en las casas donde se hablaba de más

Entró a Santafé en 1817 con papeles falsos y una recomendación para trabajar como costurera. Durante meses cosió en casas de familias realistas mientras memorizaba lo que se decía en la sala de al lado.

Julián Restrepo

21 de mayo de 2024 · 8 min de lectura

Un oficio que abre puertas

En Santafé de Bogotá, en 1817, una costurera podía entrar a una casa que ningún hombre desconocido habría podido pisar. Trabajaba por días, se sentaba en un rincón con la canasta y las telas, y quedaba durante horas dentro del espacio doméstico, invisible por su condición y por su clase. Policarpa Salavarrieta entendió que ese era el mejor puesto de observación disponible en una ciudad ocupada.

Tenía poco más de veinte años. Había nacido en Guaduas hacia 1795, en una familia numerosa que quedó desbaratada por una epidemia de viruela: murieron su padre, su madre y varios hermanos. Los que sobrevivieron se repartieron entre parientes.

La ciudad del terror

El contexto importa. Después de la reconquista española de 1816, el país vivía bajo lo que la historiografía llama el Régimen del Terror: consejos de guerra permanentes, confiscaciones, listas de sospechosos y fusilamientos en la plaza mayor. En Santafé mandaba Juan Sámano. En pocos meses fueron ejecutados buena parte de los ilustrados criollos que habían sostenido la primera república, Caldas y Camilo Torres entre ellos.

En ese ambiente, la resistencia dejó de ser un asunto de tertulias y se volvió un trabajo de logística clandestina: sacar hombres de la ciudad hacia los Llanos, donde se rearmaba la guerrilla patriota, conseguir dinero, mover información sobre movimientos de tropa.

Policarpa llegó a Santafé con documentos que la identificaban con otro nombre y una carta de recomendación conseguida por contactos patriotas. Se hospedó en casa de una familia de la red y empezó a coser.

Lo que se hace con lo que se oye

El trabajo consistía en escuchar. Nombres de oficiales, fechas de partida de destacamentos, comentarios sueltos sobre quién estaba bajo sospecha. También en identificar a los reclutas jóvenes que preferirían desertar y ponerlos en contacto con quienes podían sacarlos de la ciudad. Ella y su hermano Bibiano participaron en ese tráfico de personas hacia los Llanos.

La red incluía a Alejo Sabaraín, con quien tenía una relación estrecha y que se movía entre la ciudad y las tropas patriotas.

El punto de quiebre fue material y banal, como suele ocurrir con las redes clandestinas. Sabaraín fue capturado llevando encima papeles comprometedores, entre ellos listas de nombres. De ahí salieron los arrestos.

Catorce de noviembre

Policarpa fue detenida el 10 de noviembre de 1817. El consejo de guerra fue rápido. La sentencia se ejecutó el 14 de noviembre en la plaza mayor de Santafé, junto con Sabaraín y otros condenados de la misma causa.

Las crónicas coinciden en que no se comportó como se esperaba de una condenada. Se negó a arrodillarse de espaldas al pelotón, como mandaba el procedimiento para los traidores, y aprovechó el trayecto y el patíbulo para increpar en voz alta a los españoles y a los vecinos que miraban. Las frases exactas que le atribuye la tradición varían de versión en versión y conviene tomarlas con cautela; lo que no varía en ninguna fuente es que habló hasta el final y que la ejecución, pensada como escarmiento, terminó produciendo lo contrario.

Tenía cerca de 22 años.

Después

El nombre entró rápido en el repertorio patriota. La Pola pasó a los himnos, a las obras de teatro del siglo XIX, a los billetes y las monedas, a los nombres de colegios y de barrios. En 1967 Colombia estableció el 14 de noviembre como Día de la Mujer Colombiana, en referencia a la fecha de su fusilamiento.

Ese uso simbólico ha tenido un costo. La Pola se volvió una figura de estampa, una muchacha valiente con vestido de época, y en el camino se perdió lo más interesante del expediente: que su aporte no fue el arrojo del último día sino meses de trabajo de inteligencia metódico, hecho con una canasta de costura y una capacidad de aguante que no se enseña en ninguna parte.

La plaza donde la fusilaron es hoy la Plaza de Bolívar. Pasa gente por encima del sitio sin saberlo, que es más o menos lo que le habría convenido a alguien cuya profesión fue pasar inadvertida.

Su aporte no fue el arrojo del último día sino meses de trabajo metódico hecho con una canasta de costura.

El Perfil

Temas

  • independencia
  • historia
  • mujeres
  • bogota

Sobre las fuentes: Basado en documentación del proceso y en la historiografía colombiana sobre el Régimen del Terror y la resistencia patriota en Santafé entre 1816 y 1819.

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Julián Restrepo

Cronista

Escribe el perfil largo del fin de semana. Le gusta empezar por un objeto y terminar en una biografía.

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