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Retrato generado para Apunte sobre Rafael Pombo: el diplomático que tradujo canciones infantiles y fundó una tradición

Apunte · 1867 · Nueva York

Apunte sobre Rafael Pombo: el diplomático que tradujo canciones infantiles y fundó una tradición

Estaba en Nueva York, aburrido y sin plata, cuando una editorial le encargó pasar al español unas rimas inglesas para niños. Las reescribió en verso propio y el resultado lleva siglo y medio recitándose en los colegios colombianos.

Julián Restrepo

17 de junio de 2025 · 7 min de lectura

Un encargo comercial

Los cuentos infantiles más conocidos de la literatura colombiana nacieron como trabajo por encargo. Rafael Pombo estaba en Nueva York, donde vivió cerca de diecisiete años a partir de mediados del siglo XIX vinculado a la legación colombiana y luego por su cuenta, cuando una casa editorial estadounidense le pidió versiones en español de rimas infantiles inglesas.

Podía haber traducido. Hizo otra cosa: tomó el esqueleto de las rimas y escribió poemas nuevos, con nombres nuevos, con métrica castellana y con una comicidad que no está en los originales. De ahí salieron los Cuentos pintados para niños y los Cuentos morales para niños formales, publicados a finales de la década de 1860.

El renacuajo paseador viene de una canción inglesa sobre una rana que sale a cortejar. Simón el bobito viene de Simple Simon. Pero Rin Rin Renacuajo, con su ruana y su sombrero, saliendo de la casa contra la orden de la mamá, es un personaje colombiano y es de Pombo.

Por qué se quedaron

La razón por la que esos versos sobrevivieron ciento cincuenta años en la memoria oral de un país es técnica. Pombo escribía con un oído extraordinario para el ritmo y con una economía absoluta: nombres cortos y sonoros, rima obvia, verso corto, repetición.

La pobre viejecita se sostiene sobre una sola broma estirada con paciencia: una anciana descrita como miserable que resulta tenerlo todo. El gato bandido es una historia de castigo contada con una crueldad divertida que ninguna literatura infantil contemporánea se atrevería a publicar sin advertencias.

Y no hay moraleja pegada al final, o cuando la hay va con burla. Ese es el motivo por el que aguantan: Pombo no le habla al niño desde arriba.

El otro Pombo

El poeta de las rimas infantiles fue también otra cosa, y esa parte casi nadie la lee. Nació en Bogotá en 1833, se formó como ingeniero en el Colegio Militar y escribió una obra adulta considerable, de tono muy distinto: poemas de duda religiosa, de insomnio, de desconsuelo. Hora de tinieblas y De noche pertenecen a un hombre que estaba pasando por algo serio.

Tradujo además a poetas ingleses y estadounidenses al español con oficio profesional, en un momento en que la traducción literaria en Colombia era casi inexistente.

Fue secretario de la Academia Colombiana de la Lengua y en 1905 se le hizo una coronación pública como poeta nacional en el Teatro Colón de Bogotá, uno de esos actos solemnes del centenarismo que hoy suenan a otro planeta. Murió en 1912.

El saldo

Colombia recuerda a Pombo por lo que escribió a sueldo para una editorial extranjera y ha olvidado casi por completo lo que escribió por convicción. Suele contarse como una injusticia.

Puede leerse al revés. Hacer bien un encargo menor, con el mismo cuidado con que se haría una obra mayor, es una manera bastante alta de trabajar. Y el resultado es que un país entero comparte un puñado de versos que se aprenden antes de saber leer, lo cual no le ha ocurrido a casi ningún otro poeta en español.

Rin Rin Renacuajo sale de su casa contra la voluntad de la madre y termina mal. Millones de colombianos pueden completar el verso siguiente sin pensarlo.

Una precisión sobre el oficio

Conviene decir algo que suele omitirse cuando se habla de literatura infantil: escribir para niños con este nivel de eficacia no es una versión sencilla de escribir para adultos. Exige métrica exacta, vocabulario corto y una historia que aguante ser repetida cien veces sin cansar a quien la lee en voz alta.

Pombo tenía formación de ingeniero y oído de traductor, y las dos cosas se notan. Sus versos están calculados: la sílaba cae donde debe, el nombre propio suena bien en boca de un niño de cinco años y la escena cabe en una imagen. Es trabajo de precisión disfrazado de juego, que es la única manera en que un juego funciona.

Hacer bien un encargo menor, con el cuidado de una obra mayor, es una manera bastante alta de trabajar.

El Perfil

Temas

  • poesia
  • literatura infantil
  • bogota
  • traduccion

Sobre las fuentes: Basado en las ediciones de los Cuentos pintados y Cuentos morales, en la obra poética recogida por la Academia Colombiana de la Lengua y en bibliografía sobre la literatura colombiana del siglo XIX.

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Julián Restrepo

Cronista

Escribe el perfil largo del fin de semana. Le gusta empezar por un objeto y terminar en una biografía.

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